Por Ariel Romero
No tenemos el control
Las guerras, el clima cambiante y las fuertes lluvias
Vivimos tiempos en los que las guerras estremecen naciones, el clima cambia de forma repentina y las lluvias golpean ciudades enteras. Lo que ayer parecía estable, hoy se mueve con rapidez. La humanidad avanza en tecnología, pero muchas veces retrocede en sensibilidad, justicia y temor de Dios.
Las guerras no solo destruyen edificios; destruyen generaciones, siembran odio y dejan heridas que duran décadas. Detrás de cada conflicto hay decisiones políticas, ambición, orgullo y falta de diálogo. Cuando el poder no tiene límites morales, el pueblo paga la factura.
“Un pueblo sin vigilancia entrega su futuro a la improvisación”.
El cambio repentino del clima también nos confronta. Inundaciones, sequías, calor extremo y tormentas nos recuerdan que no lo controlamos todo. La creación gime mientras el ser humano muchas veces explota sin medida, consume sin conciencia y gobierna sin planificación.
Las fuertes lluvias que hoy afectan a comunidades enteras también revelan otra verdad: no basta reaccionar cuando llega la tragedia. Se necesita prevención, instituciones responsables y líderes que piensen más allá de una elección.
Entre la fe y la política existe un punto de encuentro: la responsabilidad. La fe llama al arrepentimiento, la solidaridad y la esperanza. La política debe responder con acción, transparencia y visión de futuro.
Proverbios 29:2
“Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.”
No son tiempos para la indiferencia. Son tiempos para despertar. Porque cuando la tierra habla con fuerza, también le está hablando al corazón del hombre.
